Trabajo, labores del hogar y crianza en pandemia ¿Todo debe asumirlo la madre?

Tras décadas de derechos vulnerados o parcialmente cumplidos, las mujeres a lo largo de la historia hemos ido conquistando el ámbito del trabajo con luchas que aún buscan un escenario justo y digno para nosotras. Cabe destacar, que desde tiempos remotos las mujeres han tenido y mantenido actividades productivas no remuneradas, minimizadas e invisibilizadas. El trabajo doméstico y de los cuidados es una labor que con naturalidad se espera que nosotras hagamos ya que los mandatos sociales construyen la idea que tenemos la sensibilidad, instinto y la dedicación necesaria para cumplir con estas labores. Pero ¿qué sucede cuando se desempeñan dos o tres jornadas de trabajo?

La salud mental y el bienestar se ven sumamente afectados ya que el estar atentas a las necesidades y requerimientos de ambos contextos genera entre otras cosas una carga mental con preocupaciones difíciles de apaciguar, ya que además se nos exige ser eficientes y exitosas en el trabajo, y madres «perfectas» con un sinfín de expectativas de lo que significa la buena crianza. Entonces, las problemáticas de salud mental de la madre y de las personas que rodean a niños y niñas van repercutiendo en la salud y desarrollo de éstos.

La pandemia vino a agudizar estas situaciones. En el caso de quienes trabajan de forma remota la cotidianidad de la casa permea las actividades del empleo y viceversa, por lo que los límites entre las distintas ocupaciones que tienen lugar en el escenario del hogar son difusos, y si bien puede haber más personas en la casa, con frecuencia se asume espontáneamente que la mujer es quien se encarga de esto o aquello.

Los tiempos para el propio cuidado se desplazan ya que la preocupación de rendir laboralmente para asegurar la estabilidad económica en un país en crisis sociosanitaria y de procurar que el encierro, la educación online y el temor al contagio no afecten el desarrollo de sus hijas e hijos, se vuelve prioritario. Por otro lado, la escasez de tiempo y las cuarentenas limitan las posibilidades de establecer lazos sociales, por lo que es poco el contacto que podemos tener para compartir con familia y amistades, y que estas labores sean sostenidas y contenidas por la red.

Entonces ¿cómo pensar en una niñez digna y segura, si permitimos/perpetuamos estas expectativas? La crianza es una acción colectiva, donde las mujeres madres y todas aquellas personas que se configuran en agentes de cuidados requieren de apoyos y sostén igual o más que niñas y niños.

Por: María José Poblete Almendras

Terapeuta Ocupacional
@pepa_poblete

.