Blanca García Osorio

Región Metropolitana
Comuna de Ñuñoa

Reseña personal:
Mamá de 2, Educadora de Párvulos, Prof. Educación Básica, Doula, Terapeuta Floral, Educadora de Disciplina Positiva, Diplomada en promoción de Apego Seguro, con Postítulo en Dificultades del Aprendizaje y especialista en promoción de crianza respetuosa.

Servicios profesionales:
Directora de Crianza En Flor®.
Docencia en temáticas de crianza respetuosa.

Contacto:
www.crianzaenflor.cl

blanca@crianzaenflor.cl

Violencia, tomando conciencia de nuestra niñez podemos cambiar nuestra historia

Violencia, tomando conciencia de nuestra niñez podemos cambiar nuestra historia


Es complejo hablar sobre la violencia. Sobre todo, en un mundo en donde nuestra cotidianidad está rodeada de ella y al comenzar la mañana o llegar la noche, en la televisión las noticias sostienen sus contenidos en torno a robos y asaltos, crímenes, maltrato, violencia de género, etc. Cuando somos violentos maltratamos a otro, cuando manejamos, en el metro, a la cajera del supermercado o a nuestros hijos. Incluso, pareciera que ya estamos insensibilizados: “qué más da, a mi me pegaron cuando chico y ahora estoy super bien”. Entonces todos hablamos de violencia, y nos horrorizamos de nuestra sociedad, sin embargo, ¿Soy capaz de reconocer mi violencia? ¿Puedo ver que generalmente descargo mi violencia con quienes más amamos generando malos tratos?

Pero ¿Dónde nace la violencia? una frase de Laura Gutman me llevó a cuestionar esa mirada y mi actuar: “Desde el punto de vista del bebé, toda experiencia sin suficiente apoyo y sostén es violenta. Porque actúa en detrimento de las necesidades básicas”. Esta afirmación nos habla de la sutileza de la cotidianeidad. En esos momentos de agobio, cansancio, incomprensión y soledad, donde muchas veces no somos capaces de responder a las necesidades de nuestro bebé. Es en esos contextos donde comienza el círculo de la violencia, cuando poco a poco comenzamos a internalizar acciones y normalizamos situaciones violentas hacia nuestros hijos o hacia nosotros mismos. Y es así como esta semillita se expande a todos los ámbitos de nuestra vida y a nuestra sociedad.

Nuestro país en los últimos años ha sido testigo de crímenes a niños menores de dos años por parte de sus propios cuidadores, hechos dolorosos que nos muestra una cruda violencia física y sexual a la que están expuestos algunos niños. Es por ello que la Red Chilena de Crianza Respetuosa no puede ser indiferente a lo qué es la violencia y cómo podemos abordarlo como un tema de país para proteger la infancia de nuestros niños. Los datos son reveladores: el 73,6% de los niños afirma haber recibido algún tipo de violencia, donde el 26% se ha expuesto a violencia física grave (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF) Y nos preguntamos ¿Cuándo hay maltrato? Generalmente lo materializamos en el golpe o cuando existe una violencia sexual, ambos casos como expresión máxima de la violencia. Pero esto se hila más fino, presentándose cuando ridiculizamos, amenazamos, intimidamos, rechazamos, discriminamos e incluso cuando metemos la cuchara fuerte en su pequeña boca. Somos violentos y maltratamos cuando hay descuido, abandono o negligencia en el desarrollo del niño, sin respetar sus tiempos y sus procesos evolutivos, más aún en casos extremos, cuando les negamos salud, educación, buena nutrición y no propiciamos condiciones seguras para su crecimiento.

Nuestro país, mediante la Ley 21.013 tipifica el delito de maltrato de menores sancionando conductas de violencia físicas que produzcan o no lesiones o generen menoscabo a la dignidad humana, las cuales se penalizan con presidio menor a quienes tengan un deber especial de cuidado o protección respecto a la víctima. Si tenemos dudas ante una persona que cuidará a nuestro hijo, podemos consultar en el Registro de Inhabilitación para trabajar con menores de edad presentado por el Registro Civil e Identificación.

¿Qué puedo hacer si soy violento? Buscar ayuda y sanar a nuestro niño interno. Detrás de cada acto violeto, mala palabra, etiqueta negativa o maltrato se encuentra nuestra infancia desprotegida y ese niño enojado o abandonado que sigue presente en cada uno de nosotros. La maternidad o paternidad es una invitación para tomar nuestro niño olvidado para cobijarlo y ser escuchado, de esta forma podemos vincularnos desde el amor y sentir realmente que estamos disponible para nuestros hijos.

Tomando conciencia de nuestra niñez podemos cambiar nuestra historia y entregar lo mejor a nuestros hijos, cortar con los círculos de violencia y entregar nuestro granito de arena para nuevos tiempos de paz y fraternidad.

Claudia Oliva Arriagada

Región Valparaíso
Comuna 

Breve reseña personal:
Madre de Leonor, Profesora de Filosofía. Licenciada en Educación, Educadora de Disciplina Positiva, Diplomada en Crianza Respetuosa, Facilitadora de Sanación de Memorias Uterinas

Servicios Profesionales:
Directora Académica de la Red Chilena de Crianza Respetuosa

Contacto:
academica@redcrianzarespetuosa.cl

El poder del modelo

El poder del modelo

Cuando baño a mi hija sin lavarle el pelo, le tomo sus moños hacia arriba con un pinche, así no se le moja. Hoy me metí a duchar y encontré a su muñeca con el pelo tomado de la misma forma.

La muñeca con el pelo tomado pudo haber pasado desapercibida, pero no, fue un recordatorio que estalló frente a mí cual fuego artificial. Ante mis ojos se mostraba el poder del modelo. Eso que hacemos cada día, no lo que decimos, lo que hacemos.

Entonces recordé que Jane Nelsen, mamá de 7 hijos y autora del programa Disciplina Positiva, dice “Disciplina viene de disciplini que significa seguir a un líder venerado. Su meta es establecer una conexión antes que la corrección, enseñar con el ejemplo, para desarrollar sentido de pertenencia e importancia”.

Hay tantas acciones en un día de crianza, en un día de cuidado. Algunas son sensibles y oportunas, otras, son desintonizadas y equívocas. A veces amarro el pelo sobre la cabeza con amor sin esperar nada a cambio, otras, digo “No me gusta que me grites” al mismo tiempo que estoy gritando. Y nuestros hijos observan cada acción, la absorben, la aprenden y la hacen propia, tal como aprendemos de memoria, sin darnos cuenta, una canción que suena en la radio. Lo aprenden sin esfuerzo porque nos aman, somos su permanente música ambiental, su líder venerado. Somos su modelo a seguir, lo queramos o no, nos gustemos o no.

¿Cuántas acciones respetuosas quedarán grabadas en los pequeños cerebros de mis hijos? ¿Cuántas de mis acciones violentas ya están ahí replicándose? ¿Cuánto de mi abuela o de mi bisabuelo están en mí? La responsabilidad es tremenda, y al mismo tiempo, ser consciente del poder de crear una nueva realidad de cuidado, es un verdadero placer.

Con amor y respeto, solté el pelo de la muñeca para que no le molestara o doliera.

Blanca García
Mamá de una niña y un niño
Directora/Fundadora de Crianza En Flor

Crianza respetuosa, respetar a nuestros hijos como a nosotros mismos

Crianza respetuosa, respetar a nuestros hijos como a nosotros mismos


¿Cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos? Felices, autónomos, seguros, solidarios, con amor propio, cariñosos; por otro lado, emprendedores, exitosos, inteligentes, y así la lista es infinita… en realidad toda madre o padre sólo desea lo mejor para su hijo. La pregunta, ahora es ¿qué estoy haciendo para lograr eso? Esto nos cuestiona y remece, y es ahí cuando podemos empezar la hermosa búsqueda de herramientas para acompañar a nuestros hijos desde el respeto.

Existen múltiples perspectivas y opiniones que nos pretenden ayudar y que muchas veces en la práctica, no nos resultan. Así de tanta búsqueda, después de varias pataletas, gritos, sermones, frustraciones y errores, uno puede darse cuenta, en la desesperación máxima, que no contamos con las herramientas y desde nuestras creencias comenzamos a repetir nuestra historia, desde nuestro/a niño/a herido/a.

La crianza respetuosa es un cambio de paradigma que va más allá de un parto sin anestesia, o una lactancia materna hasta los tres años (o más), o portear a nuestros hijos hasta que nuestros brazos y caderas nos permitan, o dormir en colecho o practicar Baby Led Weaning. La crianza respetuosa tiene que ver con nuestra raíz, nuestra historia, nuestra niñez y nuestros ancestros ¿Extraño o no? Pensamos que el foco sólo es el niño, el bebé o el adolescente, cuando también nos involucra a nosotros.

Como nos dice Blanca García, directora de la Red Chilena de Crianza Respetuosa: “Caminar hacia una crianza respetuosa desarrolla una forma de vida consciente, reflexiva, cercana y amorosa, que promueve sensibilidad en nuestras respuestas, propicia apego seguro, promueve buen trato y cultiva sanos lazos emocionales” ¿Es posible criar así? A través de la autoindagación, el autocuidado, el amor propio y sanando nuestra historia, podemos ser más empáticos ante las necesidades de nuestro hijo y, por ende, ser responsivos y establecer los límites sanos desde una disciplina razonable (sí, podemos ser firmes amorosamente), autorregularnos y vincularnos horizontalmente, es decir, viendo a nuestros hijos como un ser que tiene nuestros mismos derechos y validarlo como un ser humano independiente de su edad.

Esta perspectiva de crianza nos propone respetar a nuestro hijo como a nosotros mismos. Como madres o padres, entender sus procesos, sus gustos (independientes de nuestras expectativas), sus rasgos evolutivos (dejar pañales, pataletas, alimentación complementaria, explorar, incluso no hacer caso) y acompañar, desde la conexión y el amor. Así, nuestros hijos podrán construir su propia cajita de herramientas para enfrentar la adultez. Como nos dice Felipe Lecannelier, “desde la conexión y el amor podemos vivir la crianza como una experiencia placentera que nos permite aprender del cuidado, más allá de sobrevivir a ello”.

La crianza respetuosa nos invita a sanar, transformar y transmutar en amor nuestras experiencias dolorosas, dándonos la maravillosa oportunidad de agregar nueva información a nuestro árbol para que crezca sanamente. No se busca una madre perfecta o un padre perfecto, sino que seamos capaces de vincularnos desde lo que somos: nuestras carencias, historia y sombras para iluminarlas y entregar lo mejor que podamos a diario. Hay veces que practicarlas es un gran desafío o hay días que no funciona…pero lo hermoso es ver los errores como hermosas instancias de aprendizajes y en esos momentos más complejos, contenernos y ser capaces de maternarnos/paternarnos a nosotros mismos.